Anzuelo

En un intento por sacar hasta el último pedazo de hilaza, metió un anzuelo a su boca para intentar tomarlo. Fallando, tras varios intentos, quedó tumbada en el suelo. Pasarons varios años y aún con las marcas de las cortaduras de aquel intento, el pedazo salió deslizándose ligeramente hasta posarse en su mano y desaparecer por completo. El sol salió detrás de las nubes y las lágrimas se derramaron para luego ver crecer flores en el jardín.

Metamorfosis

Envuelta en sus rizados cabellos de fuego, echa un vistazo entre ellos hacia el exterior. Espera salir. Después de años, suelta el capullo. Los colores brillantes como relámpagos se hacen notar al momento de revolotear bajo el brillante sol.

Magnífico Silencio

A lo lejos se escucha el magnífico Silencio. Ligeros golpecitos en mi oreja me hacen saber que está aquí. Silvo, silvo  y me río con mi silencio. Lo extrañaba. Baila conmigo, me dice. Con el vals alargamos los pies, y nos deslizamos junto con la melodía. Una sensación de calor y frío me llega cuando me recorre. Sé que tendré que dajarlo ir, pero sus visitas seguirán siendo un tanto frecuentes. Vuelve pronto, Silencio. No tardes.

Laboratorio

El golpeteo de la ventana le recordó que era hora de cerrarla; los vientos incesantes parecían ser recordatorio de aventarse al abismo una vez más. Susurros revoloteando, luz tenue. Una catarsis le hizo aventarse al suelo y revolcarse. Ya no sabía si era mujer o fiera. Un rayo de luz estruendoso proviniente de su centro la partió. Las pieles y las máscaras que traía encima no tardaron en caer. Un nuevo ser se plasmaba en los papeles empapándolos. Hojas enteras tornasol; trazos infinitos.

Cita nocturna

No había prisa. Por primera vez se le ocurrió, que a pesar del ir y venir de los meteoros en su cielo nocturno, no había ninguna prisa por todo aquello que esperaba para florecerle en su ser. Así que contempló largamente el horizonte y se dejó arropar por su oscura capa indulgente. A pesar de que aquella noche pudo haberle recordado alguna otra, sólo vivió entregando todo lo que pudo entregar para ella misma y para la noche. Los pestañeos decrecieron, la cuna nocturna se dispuso a arrullar hasta su más largo cabello. Buenas noches, le dijo.

Veintitrés

Me dibujo veintitrés ojos en el cuerpo para verme hacia adentro y entonces aparece; lo hace en múltiples situaciones para plasmarse como recuerdo vívido o sueño lúcido, tal vez.

Ojos sonrientes

Los rayos del sol entran sutilmente a través de la cortina para despertar esos ojos aún dormidos y hacerlos sonreír. No hay espacio para agonías ni muros interminables. Una vez abiertos, se reconocen al verse en el espejo; hay un universo en ellos.

Vanidad

Se ha comprado un pinta labios; lo utiliza para pintarse una gran sonrisa cuando su día no es muy bueno. Siempre funciona un color rojizo intenso, no falta quien le voltee a ver los labios, y ahí es cuando éste actúa. —El pinta labios funciona mejor en mujeres que no tienen pareja, permanece intacto por horas hasta que se comienza a desear un desastre alrededor de la boca.

Calavera

Se coloca las flores de lado en el sombrero cuidando cada detalle. Las flores le dan un ligero color, y hasta da la impresión de que sus pómulos se pintan tenuamente de rosa. Su vestido negro con  flores bordadas deja ver sus delgadas y amarillas piernas.