Category: Balance

Vejez-infancia

Apago las luces, me recargo y me mezo en mi silla. Mis movimientos son lentos, pero contínuos. Ya después anochese y las luciérnagas juguetean y me recuerdan a la estela de meteoros; los sonidos de los grillos a las estrellas que titilan. Paso a dejar el barco de papel al río que hay en la calle y se vuelve día al resplandecer el cielo con un vibrante rayo. —Barco, quiero verte navegar más tiempo. ¡No te hundas!

Advertisements

Cómoda soledad

Descubro mi aliento empañando mi ventana, y un par de ojos pestañean. Tenía una eternidad sin verme reflejada. Me veo y no. Te veo y me veo. Tu boca, a distancia, perfora la mía. Ya no me ves, sólo yo a ti. Sigo tus pasos y tu abrigo tiene una peculiar forma de moverse. El viento rosa un poco tus mejillas. Tu cabello se ondea con el viento helado, tus labios rosáseos se han partido un poco; pasas tu lengua entre ellos con esperanza de hidratarlos, y sonríes ligeramente con una imagen en tu mente describiendo formas de hacer más amena tu soledad y descubres que algún día no estarás ya tan cómodamente solo. Te alejas y mi mirada te sigue hasta que te pierdes en la distancia.