Vejez-infancia


Apago las luces, me recargo y me mezo en mi silla. Mis movimientos son lentos, pero contínuos. Ya después anochese y las luciérnagas juguetean y me recuerdan a la estela de meteoros; los sonidos de los grillos a las estrellas que titilan. Paso a dejar el barco de papel al río que hay en la calle y se vuelve día al resplandecer el cielo con un vibrante rayo. —Barco, quiero verte navegar más tiempo. ¡No te hundas!

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