Laboratorio


El golpeteo de la ventana le recordó que era hora de cerrarla; los vientos incesantes parecían ser recordatorio de aventarse al abismo una vez más. Susurros revoloteando, luz tenue. Una catarsis le hizo aventarse al suelo y revolcarse. Ya no sabía si era mujer o fiera. Un rayo de luz estruendoso proviniente de su centro la partió. Las pieles y las máscaras que traía encima no tardaron en caer. Un nuevo ser se plasmaba en los papeles empapándolos. Hojas enteras tornasol; trazos infinitos.

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