Month: August 2015

Paso por varios estados para volver

Nos recorro bajo el cielo nocturno y lamo cada parte nuestra. Nos estrecho sumergiendo mis manos en nuestras carnes y nos devoro. Nuestro corazón caliente, agitado retumba en mi oído. En mi piel se forma una armadura con marcas de tu dentadura para luego desvanecerse y mezclase con lo oscuro de la tuya. Labios de piedra, esos que he aventado lejos de mí, rebotan en la superficie del agua cristalina. Posa para mí en la cama de lías; el fuego te iluminaría. La música la haríamos nosotros; suave melodía, viajaría a través del tiempo, de todos los tiempos. Tu piel erizada, erízaría a la mía. La eternidad nos conoce, es nuestra aliada, suave se desliza entre nuestros profundos sueños para deleitarnos al momento de querer recordar.

Anzuelo

En un intento por sacar hasta el último pedazo de hilaza, metió un anzuelo a su boca para intentar tomarlo. Fallando, tras varios intentos, quedó tumbada en el suelo. Pasarons varios años y aún con las marcas de las cortaduras de aquel intento, el pedazo salió deslizándose ligeramente hasta posarse en su mano y desaparecer por completo. El sol salió detrás de las nubes y las lágrimas se derramaron para luego ver crecer flores en el jardín.

Metamorfosis

Envuelta en sus rizados cabellos de fuego, echa un vistazo entre ellos hacia el exterior. Espera salir. Después de años luz, suelta el capullo. Los colores brillantes como relámpagos se hacen notar al momento de revolotear bajo el brillante sol.

Magnífico Silencio

A lo lejos se escucha el magnífico Silencio. Ligeros golpecitos en mi oreja me hacen saber que está aquí. Silvo, silvo  y me río con mi silencio. Lo extrañaba. Baila conmigo, me dice. Con el vals alargamos los pies, y nos deslizamos junto con la melodía. Una sensación de calor y frío me llega cuando me recorre. Sé que tendré que dajarlo ir, pero sus visitas seguirán siendo un tanto frecuentes. Vuelve pronto, Silencio. No tardes.

Laboratorio

El golpeteo de la ventana le recordó que era hora de cerrarla; los vientos incesantes parecían ser recordatorio de aventarse al abismo una vez más. Susurros revoloteando, luz tenue. Una catarsis le hizo aventarse al suelo y revolcarse. Ya no sabía si era mujer o fiera. Un rayo de luz estruendoso proviniente de su centro la partió. Las pieles y las máscaras que traía encima no tardaron en caer. Un nuevo ser se plasmaba en los papeles empapándolos. Hojas enteras tornasol; trazos infinitos.