Month: July 2014

Lloriqueos de una flor

Busco, entre ideas desordenadas, mi flor radiante; la busco para plantarla en la tierra; la he escuchado sollozar por las noches. Ya es hora de que disipe su aroma y se irradie luminosa todos los días y todas las noches.

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Me alegra que no haya un nosotros

Mi boca se niega a expresar siete palabras, por eso sólo las pienso. Mi boca se expresa a través de mis dedos. Siete palabras que lo dicen todo, comienzan a salir a esparcirse a donde quiera que van, bailan un vals de la muerte para deshacerse entre los recuerdos polvorientos, antes aferrados a los cajones, y sembrarse en tierras nuevas.

Ausencia

Contigo, tus memorias pasajeras, tu coraje. Conmigo, tu ausencia, mi llanto de colores opacos, mi dolor ilusorio. Mis estados de perpetua angustia que se esfuman momentáneamente.

La cama ensordecedora

Cada vez que la cama detecta un sonido al acostarse o sentarse en ella, ésta los atrapa y los guarda como si tuviera memoria; luego ya cuando la gente se va los reproduce en el mismo orden que se efectuaron cuando le gente estaba en ella. A veces los sonidos se vuelven insoportables y cuando estoy limpiando la habitación tengo que taparme los oídos o escuchar música muy fuerte. He intentado deshacerme de esa cama, pero es tan reconfortante que en cuanto pasan por mi mente esas ideas, una comodidad me invade y deshecho esos locos pensamientos. Creo que no podría vivir sin esa cama ¡Si tan solo pudiera encontrar una manera de hacerla muda!

La mesita desordenada

Nunca he entendido a esa mesita desordenada, me pregunto por qué tiene tanta cosa encima ¿Para qué? Uno puede intentar tomar los objetos, pero nunca se dejan agarrar, se sienten libres en su hábitat desordenado. El otro día, necesitaba mi pinza de cabello, me dirigía hacia ella y se unió tan bien a la mesa, como echando raíces. Me fue imposible sacarla. Lo mismo pasó con el control remoto, el celular, los dulces y todos los papeles regados en ella. 

El reloj silencioso

El reloj silencioso se convierte en un recordatorio muy eficiente. Lo he mirado varias veces ya durante la noche y el día y sin duda, me alertan bastante bien de las cosas que hay que hacer. Presume de su hora roja escarlata. El silencioso, no avisa en lo absoluto cuando cambia, uno tiene que voltear a verlo. A veces me vengo de él, y aunque lo voltee a ver, lo ignoro, no hay peor cosa que pueda hacerle. Me imagino cómo sentiría si estallara de coraje después de varias veces de haberme vengado ya. Barrería sus pedazos con gran satisfacción y finalmente podría descansar de sus irritantes recordatorios. 

Reloj abanico

El sonido del abanico como midiendo el tiempo. Es el reloj abanico, el reloj abanico que se escucha entre los silencios tan esperados, el que veo cuando busco una excusa para que pase el tiempo, el que me refresca mientras ejercito mi cabeza. El reloj abanico tiene luz también, ¡prefiero que no la tenga! He pensado ciertas veces en aventarle objetos para fundirle la bombilla. Oscuridad y sólo el sonido del reloj abanico. 

Miradas

El sonido constante, parecido al de las manecillas de un reloj. Dentro de la habitación el tiempo se alarga entre cuatro paredes y entre escenas de film; éste sirviendo de ruido externo para desconcentrar mi mirada y ponerla en ti. El aire sofocado que inhalo me deja entrar en un estado de concentración absoluta. Tu concentración es distinta, te dejas llevar por la conmoción del televisor. Mientras, siento que he perdido toda distancia entre tú y yo. Me desconcentra tu mirada casi involuntaria que se cruza con la mía; una sonrisa ligera se asoma entre tus labios. Mi boca receptiva se expande para comunicarse. Todo ocurre en un pestañeo, tiempo suficiente para penetrar en tus ojos. Volvemos la mirada a su estado anterior, sabiendo que habrá muchos otros momentos como este.