Month: March 2014

Nos encontramos en un espacio borroso, luego en el sueño se vuelve la imagen clara, colorida. Huelo tu perfume a la distancia y te llevo conmigo.

Golpeó fuertemente su cabeza como tocando a la puerta, pero nadie contestó. Temía que nadie le abriera. Ahí fue cuando decidió dibujarse una gran ventana y saltar hacia él mismo.

Entre sus recuerdos amontonados, sacó uno en el cual pudo ver su profunda alegría. Temía ya no volver a encontrarse una sonrisa en su rostro, así que escupió el suelo y se concentró para que su boca respondiera. Intentó por un largo rato y haciendo varios gestos, sus labios comenzaron a jalarse hacia arriba como si lo hubiesen hecho dos hilos en cada extremo. Después de un tiempo su sonrisa poco creíble le hizo sonreír tanto que le provocó carcajearse hasta llorar.

En su agonía, quería morir sutilmente. No pensaba en el suicidio inmediato, sino en algo lento que durase años. Vivía en una constante autodestrucción; frecuentemente se imaginaba desmoronarse como una galleta vieja y polvorienta.

El niño lloró desconsoladamente para que regresara su madre. Ésta no vino nunca, al menos en el momento para calmarle el llanto. El pequeño desbordaba litros de lágrimas, se sumergía en ese mar que lo entumecía. Ya después se convenció que su madre era una bella sirena que podía convertirse en un monstruo marino que lo podía desgarrar cuantas veces quisiera.

Las lágrimas no pararon de rodarle de las mejillas, lloraba inconsolablemente sus proyecciones; las vivía una y otra vez como si regresase a esos filmes de años.

Alas de mazapán, continuamente se desmoronan al intentar volar. Se dibujan a sí mismas por los cielos cortando el aire. Destinadas a desbaratarse al momento del despegue.