Baile de media noche

Rostros moviéndose de aquí para allá en círculos, abrazados unos con los otros sintiéndose jóvenes otra vez. Los pasos quietos pero constantes, las miradas penetrantes y mi corazón bailando también a un ritmo desconocido. Lo incierto destruye a mazazos lo monótono; existo sin tiempo.

Locura y noche

La luna brillando en el cielo azul renegrido; imperfecta. Me recuerda a aquello bello que olvido. Mis ideas se avientan por la ventana, corren para alcanzarla y se estrellan colapsando. Sueño despierta esa locura y me pregunto sobre tu ausencia en los momentos en los que el silencio me susurra el sonido de las manecillas del reloj. Me pierdo entre tus cortinas de acordes, pero ahí es donde quiero estar gestando con una sonrisa dibujada.

Vivo luz

Te encuentro en el vasto bosque. Una rama caída ilumina a otras; las levanto una a una y me pintan de dorado la piel, los ojos, los senos y el alma. Estás ahí en un santuario vibrando con tus cuerdas de oro; las hadas danzan a tu alrededor. Hipnotizada, ardo.

Los inmortales 

La muerte no existe para los inmortales; ellos danzan alrededor del fuego y arden con él.Viven en los relámpagos, en las estrellas cuando estallan, y en los meteoros. Son piadosos, nos cantan atravezándonos; nos toman sutilmente de las manos y nos arrojan al agujero negro. Conozco muy pocos; voy poco a poco encontrándolos a mi paso, pero cuando los tengo frente a frente, ardo en su llama. Cargo su ungüento en mi alma. ¿Que sería de nosotros sin los inmortales? 

Puertas

Los días vibrantes pasan, los deshojo lentamente y me entrego. Es algo así como dejar caer el cuerpo a una masa, sintiendo cada parte amoldarse en ella. Luego las puertas se abren en el pasillo, una a una. Lanzo una mirada, son irresistibles. Una película transcurre dentro de ellas. Intento pasarlas sigilosamente, pero siempre encuentran una forma tentadora de llamarme, de hipnotizar cada parte de mí. Mis ojos sólo pueden ver el girar de la perilla. La fiera dentro me llama. ¿Cuántos ciclos? Visualicé paredes lisas y ventanas; pero la hoja al viento se ancla entre los árboles, entra al laberinto que parece infinito.

Vejez-infancia

Apago las luces, me recargo y me mezo en mi silla. Mis movimientos son lentos, pero contínuos. Ya después anochese y las luciérnagas juguetean y me recuerdan a la estela de meteoros; los sonidos de los grillos a las estrellas que titilan. Paso a dejar el barco de papel al río que hay en la calle y se vuelve día al resplandecer el cielo con un vibrante rayo. —Barco, quiero verte navegar más tiempo. ¡No te hundas!

Cómoda soledad

Descubro mi aliento empañando mi ventana, y un par de ojos pestañean. Tenía una eternidad sin verme reflejada. Me veo y no. Te veo y me veo. Tu boca, a distancia, perfora la mía. Ya no me ves, sólo yo a ti. Sigo tus pasos y tu abrigo tiene una peculiar forma de moverse. El viento rosa un poco tus mejillas. Tu cabello se ondea con el viento helado, tus labios rosáseos se han partido un poco; pasas tu lengua entre ellos con esperanza de hidratarlos, y sonríes ligeramente con una imagen en tu mente describiendo formas de hacer más amena tu soledad y descubres que algún día no estarás ya tan cómodamente solo. Te alejas y mi mirada te sigue hasta que te pierdes en la distancia.

Un vistazo a mi monotonía

Mi monotonía descanza, se pasea libremente por los corredores de mi casa. Viene y se impone un trono con corona, en ocasiones me veo envuelta en las ropas de su sirviente. Es como un mal sueño; de pronto al voltear a verme las traigo puestas, son tan comodas que a veces uno quiere quedarse en ellas. Cuando me veo en el letargo, me desnudo rompiéndolas en pedacitos.

Resumen del día

El oleaje del mar me llama; tan salvaje y rápido y el resto del manto de atrás de él apacible, ligero y calmo. Todas mis voces internas callan y dejo que mi alrededor hable. La película que se proyecta nunca es la misma; mi finitud me hace contemplarla sin interferencias pasadas.

Tu fantasma

Recordar como si tuviera memoria extra que pudiera usar solamente con ese recuerdo. Ese recuerdo vasto como enormes parcelas pinceladas y, al mismo tiempo, como un punzante camino de brasas. Cielo e infierno en uno mismo. Todo un mundo guardado para él; en ocasiones me parece una injusticia, tan ancho espacio, luego pienso un poco más y sé por qué tu fantasma aún sigue penando.

Flores

Incontables veces dormía sin dormir, pesaba y pensaba. Las preocupaciones le salían de la cabeza como gusanos saliendo de la fruta hasta que un día las sacó de raíz. Sembró flores en los huecos que habían quedado y se fue caminando para después unirse a la tierra y ser parte de ella.

Pies

Con regisignación bajó la cabeza suspirando, aceptando caminar descalzo con los pies limpios para volvérselos a ensuciar. Era algo que nunca acabaría, al menos no en esta vida. Prefirió no pensar en ello y avanzó hasta perderse en el horizonte.

Paso por varios estados para volver

Nos recorro bajo el cielo nocturno y lamo cada parte nuestra. Nos estrecho sumergiendo mis manos en nuestras carnes y nos devoro. Nuestro corazón caliente, agitado retumba en mi oído. En mi piel se forma una armadura con marcas de tu dentadura para luego desvanecerse y mezclase con lo oscuro de la tuya. Labios de piedra, esos que he aventado lejos de mí, rebotan en la superficie del agua cristalina. Posa para mí en la cama de lías; el fuego te iluminaría. La música la haríamos nosotros; suave melodía, viajaría a través del tiempo, de todos los tiempos. Tu piel erizada, erízaría a la mía. La eternidad nos conoce, es nuestra aliada, suave se desliza entre nuestros profundos sueños para deleitarnos al momento de querer recordar.

Anzuelo

En un intento por sacar hasta el último pedazo de hilaza, metió un anzuelo a su boca para intentar tomarlo. Fallando, tras varios intentos, quedó tumbada en el suelo. Pasarons varios años y aún con las marcas de las cortaduras de aquel intento, el pedazo salió deslizándose ligeramente hasta posarse en su mano y desaparecer por completo. El sol salió detrás de las nubes y las lágrimas se derramaron para luego ver crecer flores en el jardín.